miércoles, 18 de mayo de 2011

Historia del día...

"...Puedo ver
que el tiempo corre a prisa
pero al ver tu sonrisa
todo va bien..."
(De Pienso en ti)
 Gondwana



Eran las once de la mañana y caí en la cuenta de que aún no había pagado el alquiler. Fui hasta el sillón, rebalsando de cosas. Me costó trabajo, sobre todo por mi escasa paciencia, pero encontré el bolso. Si fueras más ordenada no tendrías tantos problemas. Sabias palabras de la vieja. En fin, busqué la billetera. Cuando estoy saliendo para ir a pagar el bendito alquiler, ese que me olbiga a trabajar horas extras, veo que no me alcanza el dinero. Entonces, por enésima vez, recuerdo las palabras de mamá. Si fueras más ordenada, bla, bla...Y no me queda otra opción que armarme de valor, abrigarme bien porque el invierno llegó antes que el otoño y salir para el centro, al banco más cercano. Y rogar por el trayecto que el cajero funcione o que tenga dinero. El sol no está tan mal. Me abrigué mucho sin necesidad. Pero bueno, ya estoy en camino. Mientras tanto y porque no me gusta caminar, comienzo con mi locura de siempre, según dicen de mi los que me conocen. A cada paso encuentro historias espacidas por las calles de esta ciudad sin héroes. Voy preguntándome qué le pasó al señor que camina tan despacio delante de mi y quién dejó una flor tirada en esas condiciones. Imagino que el cielo se cubre de nubes y la lluvia me atrapa en mitad de camino, sin poder volverme a casa y sin refugio. Cosas como estas voy pensando mientras camino. Hay miles de historias que nadie se atreve a contar, yo tampoco.
Miro la hora en el celular y recuerdo que puedo ir escuchando música. Estas simples acciones se me olvidan. Ya es tarde, dejé los auriculares en casa, sobre la mesa de la compu. Suspiro de cansancio, saco cuentas mentalmente, y faltan diez cuadras para llegar al banco. Otro suspiro, esta vez de fastidio. Detesto caminar, y sobre todo, caminar sola. Ya me había entregado por completo al hastío cuando te veo. Iba como siempre, ausente, pero me detuve para cruzar una calle y me quedé absolutamente inmóvil. No atiné a nada más, sólo a mirarte. Tus ojos sacudieron mis tristezas y mis, siempre, malos pensamientos. Tu sonrisa adormeció mis sentidos. No pude hilvanar palabra más tonta que un "hola" sin extensiones. Por supuesto que quise saber cómo estabas o qué andabas haciendo, pero fui tan incapaz de hablar como de dejar de mirarte. Y tu sonrisa ahí, en medio de los adoquines. Y tu sonrisa ahí, a mitad de camino de mi beso. Y a pesar del apuro, del tiempo que no se detiene, al menos en mi celular, a pesar de ello tu sonrisa me dice al oído que todo está bien. Y cruzo la calle, finalmente, no sin antes escuchar el bovinazo de algún auto, pidiéndome que preste más atención. Pero claro, él no se cruzó con tu sonrisa...


No hay comentarios: