domingo, 2 de septiembre de 2018

ya dejalo...

Que perturbador es mirarte, quizás más perturbador sea encontrarte mirándome...tus ojos son una rama del caos. Es simple perderme cuando te escucho perdiéndote, tengo mucho para decir pero escojo un silencio absurdo en alguien como yo que apenas puede contenerse a tu lado, pero elijo callar, morderme las palabras y fingir que te doy la razón, no es por cobarde es por tristeza. Verás, quizás no pero quisiera que vieras lo que yo veo, quizás así pudieras entender mejor, no es que tenga la verdad, pero tengo otra idea, sólo que no escuchás y me callo, me aferro al mutismo para no contrariarte, para no contradecirte, no por cobarde, no por miedo a tu respuesta, sino porque es triste, muy triste verte sufrir por algo que podrías cambiar totalmente. Hay más respuestas que preguntas, pero invertís los papeles, le das poder a algo que no tiene autoridad para resolver enigmas, le das sonrisas a sombras que alguna vez pudieron ser aliadas pero que ya no, y yo te observo y me vuelvo efímera, me convierto es cicatriz, en fantasma...Te vi acomodar los sueños, amontonar los futuros recuerdos en un intento de manipulación del destino, cosa inverosímil pero no lo entendés. No siempre lo que merecemos es lo que necesitamos. Y muchas veces, lo que necesitamos no lo merecemos. Dejá que la luna se acomode a su antojo, las estrellas caerán cuando quieran, no cuando vos lo desees, no funciona así. No importa cómo quieras que sean las cosas, no importa cuánto desees que algo suceda, a veces, las reglas son otras, hay veces que el caos es un principio de paz, un precipicio al amor. Dejá que el tiempo arrope tus pestañas, que el silencio acompañe tus ocasos, es más simple entregar el control...de verdad...ya dejalo...ya es hora de abrazar el caos, de amigarte con esos sueños no cumplidos, de besar esa mueca de felicidad que te persigue como utopía, ya para...la eternidad dura un par de años, no más, a veces es ahora o nunca...
Todo lo que merecés está a la vuelta de la pérdida del control, no podés controlar el destino, ya tenés edad para aceptarlo, para entenderlo. Aunque tus ojos sean más hermosos que el atardecer de septiembre, no podés ver y yo no puedo prestarte mi mirada...ojalá las huellas sirvieran para algo más que para no perderse...
Me sigo callando, la tristeza algún día se irá, mientras espero le tiro un deseo al universo, que te premie y haga coincidir lo que merecés con lo que necesitás...

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