viernes, 12 de julio de 2013

Incomprensible despertar


Te extrañan mis hombros, es que de tanto naufragar, perdí la postura y el olvido...Todos nos vamos muriendo, sólo que yo lo sé y lo mío es de amor...si pudiera, perdón, si fuera capaz de derrapar y ver si me acerco más a tu amanecer, quizás, las historias que invento fueran diferentes...
Hay muchas lunas aún, y aún me sobran razones para enviarte cartas firmadas por el silencio, escritas bajo una madreselva que crece inmune al tiempo en un patio que ya desapareció.
También te extrañan mis temores, tu consuelo con aroma de alquitrán, tus caricias como espuma de oleaje, llevándose mis lágrimas. Me duermo porque en sueños te tengo, y cuando despierto no entiendo cómo estoy viviendo sin tu amor. Es triste recordarte, no te creas, pero al menos sé que el olvido aún no me ha arrebatado tu sonrisa amplia de media luna, y hay veces que tus ojos se me incrustan en la almohada y me revuelvo entre las sábanas toda la noche, en una claridad gigante que me lleva al insomnio.
Me voy al patio, todo cubierto de cemento, salgo a fumar porque en la habitación aún está tu perfume y no quiero extinguirlo como se extinguió la llama que nos unía. Y afuera está nublado, oscuro y húmedo. El otoño ha regresado, se olvidó de llevarse algunos recuerdos o de traerlos, no lo sé. La llovizna cubre los objetos que me rodean y algunos fantasmas sobrevuelan como cuervos hambrientos. No sé que ha pasado ni qué está pasando. ¿Éramos otros o nunca nos conocimos? ¿Éramos nosotros o crecimos? Cada vez que el otoño regresa, la ciudad se detiene, y vuelvo a naufragar. Y te extrañan mis manos. Mi voz no pronuncia tu nombre y el silencio se vuelve un rugido de malos presagios, él sabe lo que ocurre cada vez que no te nombro.
No quiero despertarme una mañana y encontrar las cenizas de la casa junto a un paquete de marlboro vacío, perdóname, pero debo alejarme, buscar otros mundos y otros colores. No quiero despertar y verme anclada a lo que nunca sucedió ni pudo suceder...me despido, amor, es hora de sucumbir en otros ojos, en otra sonrisa, ¿podré salvarme? Pudimos haber despertado en otro amanecer…
Perdimos los nombres de las calles y también perdí mi nombre pero no mi edad...salí a jugar bajo la lluvia y regresé a la puerta de tu última mirada.
A veces tengo la extraña sensación de que estás mirando o de quizás mires algún día, y ya no me encuentres...Leíamos en las tinieblas de un invierno tardío las líneas que separaban tu cuerpo del mío, soñábamos con alquilar barcos y encontrar escarabajos de oro camino al anochecer, entre rejas de árboles con sabor a verano eterno y música de sirenas con aroma a silencio...Éramos otros, sin dudas que éramos otros...crecimos, amor, y acá estamos...al menos, yo acá estoy, escuchando canciones en lenguas que no comprendo, subiendo el volumen para evitar oír mis pensamientos, me condeno a la soledad de una casa gris y me acuesto tarde por inventar historias donde caminamos atándonos las almas y los recuerdos.
¿Dónde iré a parar con esta marea de llanto y pocas pulgas?...el mar se vuelca sobre la playa como se unen sobre la cama dos puntos de un mismo mapa.
Te extrañan mis oídos y mis plegarias, cuando la noche que fue amiga, me traiciona y sus precipicios se hacen llanuras amargas.
Pero siempre podremos despertar. Siempre podré despertar y mirarme al espejo que estando maldito me lleva al pasado...Siempre podremos ordenar lo desprolijo del cuarto, quitar el polvo que cubre los libros, los muebles y las sombras, remover las manchas de cenizas, soñar que todo ha sido una mentira o una burla de ángeles aburridos que han estado jugando con nuestros destinos...Siempre podremos despertar... ¿no te parece? Siempre podremos despertar o encender un cigarrillo para que tiemble la oscuridad en lugar de nuestras efímeras alegrías...
Siempre, cada noche, me siento más cerca de perdonarte que de olvidarte...luego, cuando el alba descose las estrellas, no logro ninguna de las dos...

2 comentarios:

Sam A. C. dijo...

La despedida es una amarga lluvia de cenizas que suele olvidarse de llevarse al olvido consigo. Y ahí quedamos, con recuerdos y manos vacías, cicatrizadas, o a herida abierta, anhelando tener todo o nada... Pero aún del desconsuelo nacen bellas melodías, aún la esperanza hace hueco entre los dedos para llenarnos de fe, de confianza... Está en nosotros despertar el amor dormido, y darle un nuevo nombre...

Un abrazo Martina,

Sam

Martina Santo dijo...

Gracais Sam, por tus palabras, como siempre, hermosas...abrazo para vos tb!!!
Luján...bienvenida pues...y gracias por pasar y quedarte...ya me pegaré una vuelta por tu blog...besosss